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Elecciones limpias para una Nicaragua en paz y prosperidad.


Hace 25 años, un 25 de febrero de 1990, se realizaron unas elecciones históricas.  El pueblo nicaragüense se encontraba dividido y la polarización política era dominante.  El país estaba acosado por la agresión del gobierno de los Estados Unidos y miles de nicaragüenses estaban involucrados en una guerra que se había prolongado durante años.

 

En un esfuerzo patriótico y nacional, el gobierno revolucionario y la Resistencia Nicaragüense acordaron despejar el camino para la paz, la reconciliación y la reconstrucción del país.  Toda injerencia extranjera sería alejada y se realizarían unas elecciones para dirimir las diferencias políticas e ideológicas.


Con un Consejo Supremo Electoral presidido por el Dr. Mariano Fiallos O., se desarrolló un proceso electoral competitivo, con libre participación de los partidos políticos y del pueblo nicaragüense que fue a votar masivamente por la opción de su preferencia.  El resultado favoreció a la oposición y el gobierno revolucionario entregó el poder dos meses más tarde.

 

Así se sentaron las bases de la paz, el desarme, la desmovilización y la reconciliación nacional.  


Veinticinco años después, los nicaragüenses estamos nuevamente en una situación de polarización política causada por la repetición de fraudes electorales desde 2006, el abuso de poder,  la liquidación del Estado de Derecho y la institucionalidad, el uso de la violencia pandilleril contra la oposición,  la alineación partidista del Ejército y la Policía que han dejado de cumplir con su misión nacional para convertirse en instrumentos del poder establecido. 


La mayoría del pueblo nicaragüense es discriminada por el orteguismo.  El maltrato, la humillación, la intolerancia, el régimen de control, abuso y corrupción se ha establecido en todas las comunidades y barrios de Nicaragua. 


Las personas en la ciudad y en el campo ven amenazadas sus propiedades, su trabajo, su fuente de ingresos y sus comunidades por los intereses políticos y económicos de la familia en el poder y de sus seguidores.

 

 La soberanía nacional y recursos naturales de toda Nicaragua se encuentran amenazadas ante la espuria concesión canalera.

 

Hay grupos de rearmados en las zonas montañosas con motivación política.  La inestabilidad social y la inseguridad son padecidas por el campesinado nicaragüense.

 

El año próximo, 2016, deben realizarse elecciones nacionales y en 2017, elecciones municipales.  El pueblo nicaragüense quiere decidir su destino. El pueblo nicaragüense demanda poder expresarse, movilizarse y organizarse libremente en el partido que desee y votar libremente por la opción política que le parezca más apropiada.  Esos derechos han sido confiscados por la familia Ortega desde su ascenso al poder en 2007.

 

Pero todavía es tiempo para Nicaragua. 

 

Hay una oportunidad para construir una Nicaragua en paz y prosperidad.  Y esa oportunidad comienza con un proceso electoral sin exclusiones ni ventajismo y con la realización de elecciones limpias, transparentes y competitivas.

 

Diferentes sectores, incluyendo la Conferencia Episcopal han establecido las condiciones mínimas. Nosotros respaldamos y suscribimos esas demandas.

 

Unas elecciones limpias y transparentes, hace 25 años, fueron capaces de terminar la guerra y abrir las puertas a la paz.  Unas elecciones limpias y transparentes en noviembre de 2016 serán capaces de volver a colocar a Nicaragua en la senda de la paz y la estabilidad,  condiciones indispensables para un desarrollo integral con una prosperidad que alcance a todos los nicaragüenses sin distinción.  


En el MRS creemos que en este momento es imperativo para todas las fuerzas políticas y sociales,  luchar por elecciones limpias y transparentes, más allá de las diferencias de cada quien y de sus intereses particulares. El MRS se encuentra en esa labor. Es el momento de poner manos a la obra para reconstruir la esperanza en Nicaragua.  


Managua, 24 de febrero de 2015