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Observadores independientes ya: la demanda de todos

Observadores OEA

La convocatoria a las elecciones de noviembre fue realizada por el Consejo Supremo Electoral el día 6 de mayo, justo seis meses antes del día de las votaciones.  Lo más importante del acto realizado, no fue lo que se dijo, sino lo que se mostró.  

 

Sentados en primera fila, estaba un grupo de personas, presentados como especialistas en materia electoral, procedentes de varios países de América Latina, traídos especialmente para acompañar la convocatoria y el resto del proceso electoral. 

 

La señal es muy clara.  Ortega quiere, a toda costa, evitarse una observación internacional independiente y se ha creado su propio modelo para tratar de darnos gato por liebre, al pueblo nicaragüense y a la opinión pública internacional.  El grupo de especialistas, que vino al país con gastos pagados por el gobierno, son consultores internacionales cuya tarea es asesorar a los funcionarios del Poder Electoral, pero no son, ni por sombra, observadores electorales independientes y calificados.

 

El partido en el poder retrasó el anuncio de la convocatoria a elecciones lo más que pudo; trata de meter factores de inestabilidad amenazando la existencia legal del PLI y el PAC, ambos integrantes de la única Coalición, realmente opositora. El calendario electoral reduce los plazos habituales para que la oposición no tenga tiempo suficiente de preparación. Los medios oficiosos del poder, ya están alineados atacando al Grupo Ética y Transparencia, el más experimentado observador nacional de procesos electorales.  

 

Todos, son síntomas del temor del orteguismo a unas elecciones libres,  transparentes y competitivas.  Si la familia gobernante creyera sus encuestas, no debería estar preocupada  y ocupada evitando la observación nacional e internacional, sino todo lo contrario, deberían estar plenamente interesados en unas elecciones completamente limpias.  Su manifiesto interés en manipular la institucionalidad electoral es confesión de su debilidad, de su certeza que el voto del pueblo nicaragüense apuntará al cambio.  

 

Pero, los tiempos han cambiado y mucho.  

 

La OEA ha tornado, bajo la dirección del Secretario General Almagro, en un organismo preocupado por los derechos de los ciudadanos y ciudadanas del continente.  No habrá complacencia, ni complicidad frente a un proceso electoral turbio y fraudulento como los que acostumbró Ortega en el pasado.

 

Más importante aún, es que el pueblo nicaragüense está cansado de que no haya solución a sus problemas principales, que el desempleo y el costo de la vida suban.  El pueblo está cansado de las arbitrariedades, la exclusión y marginación, las amenazas y la persecución.  El país está cansado de ver que se han dilapidado, desaparecido, esfumado, varios miles de millones de dólares, en manos del poder establecido.

 

Es tiempo aún para que Ortega y sus magistrados, abran las puertas e inviten a la OEA, la Unión Europea y el Centro Carter como observadores internacionales de todo el proceso electoral, desde ahora hasta que se conozcan los resultados definitivos de la votación de noviembre.  Es tiempo de que se convoque a las organizaciones nacionales para realizar observación independiente.  No aceptaremos la historia de los acompañantes contratados, nacionales o extranjeros, que más que observadores son agentes de publicidad del gobierno.    


Observación nacional e internacional independiente y calificada es lo que demanda todo el país, la mayoría del pueblo nicaragüense, partidos políticos, personalidades, la Conferencia Episcopal, empresarios, organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales, periodistas, medios de comunicación y organismos de derechos humanos, para mencionar una lista corta.


Unas elecciones limpias, transparentes y competitivas, con observación nacional e internacional independiente y calificada, son esenciales para el futuro de Nicaragua, para la paz social y el desarrollo integral. Estamos a tiempo